Lo sé por experiencia.
La soberbia me invadía y, a veces, me invade. Todo perfecto...
Tras años sé, en la teoría, que todo es más fácil si confías. En fin... de todas maneras, hagas lo que hagas, lo que te tiene que pasar te pasará.
Calculaba situaciones, diálogos, resultados, futuros,... casi todo.
¡Es agotador!
El Pastor nos apacigua y sosiega con su cayado y su vara.
Es sabio, sabe lo que nos viene bien a cada uno, aunque a veces no lo entendamos y queramos tener más pelos en la cabeza de los que ya están contados.
Confiar en la Sabiduría,
confiar en la Verdad,
es lo que me hace tranquila.
Y, a veces se me olvida. Y todo vuelve a ¡ser agotador!
Por eso necesito más práctica, para que no se me olvide confiar.
SALMO 23
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En prados de hierba fresca me hace reposar,
me conduce junto a fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el camino justo,
haciendo honor a su Nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso,
ningún mal temeré,
porque Tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
Me preparas un banquete
enfrente de mis enemigos,
perfumas con ungüento mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu amor y tu bondad me acompañan
todos los días de mi vida;
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Tener a alguien que sabes que no te va a fallar... eso sí que es un regalo.
Llévame, guíame.

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