Normalmente suelo pasar algunos de los días importantes de Navidad en Málaga, o el 24 y 25 o la noche del 31. Creo que mi plan para esas noches no podría ser considerado lo que llamamos un "planazo". Mi misión es estar en casa con mi familia, ayudar a lo que me dejen en la cocina, entretener a mis primos pequeños y poca cosa más relevante.
Pero este año he pasado todas las Navidades allí y, aunque siempre me he dado cuenta, ningún año he sido tan consciente como este de la manera en que algunos miembros de mi familia y yo nos felicitamos una vez nos hemos comido las doce uvas.
Siempre es mi madre la primera en felicitarme, y eso es normal, que te quedes un rato abrazándola, pero sentir durante pocos segundos el contacto de una mejilla con otra y un fuerte apretón en los brazos con otra persona distinta que no sean mi madre o mis abuelos me gusta. Personas que solamente ves una vez al año y que solamente escuchas cuando es tu cumpleaños, y a quien no le contarías todas tus cosas pero sabes que si algo gordo pasase te apoyarían. Es raro, pero me gusta. Supongo que ese es el valor de la familia.
No se si cuando pasen muchos años (Dios lo quiera) las generaciones más jóvenes seguiremos la misma tradición, hoy por hoy creo que no, pero nunca se sabe... Aún así, me gusta pasar las Navidades en familia. Cambiaría muchas cosas, pero si fuera así, ya no sería lo mismo. Ellos son así, con su típica sobreprotección, sus comidas espectaculares, su siempre entera disposición aunque ya no puedan más, sus bromas, conversaciones incómodas, incluso sus críticas.
Lo he dicho antes... es una sensación rara...
Hoy, uno de enero de dos mil trece, voy pitando para Ceuta, donde está mi casa, mis amigos, mi ropa,... Lo que más lamento de pasar las Navidades fuera de mi ciudad es eso, no poder disfrutas de lo bonito de las dos: la familia y los amigos. Pero bueno, es lo que hay. Sino creo que sería perfecto jejeje.
Que tengáis un buen año :)
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